¿A qué sabe mi nueva novela romántica-erótica? ¿Podrías definirla?

NUEVA NOVELA ROMÁNTICO-ERÓTICA

 

novela erótica escena

 

El ser humano es diverso en sus formas, en su carácter y en sus gustos, por eso, a la hora de fantasear y dejar que nuestra imaginación vuele con una entretenida historia, es fundamenta encontrar ese ratito de relax y de silencio para soñar. Es como si pudiéramos viajar con la mente y salir de la rutina. Pues sí queridos lectores, no es necesario tener dinero para disfrutar de una aventura, basta con tener en nuestras manos un libro que nos aleje del alboroto diario, que nos apasione y principalmente que nos acerque un poquito más a la felicidad de estar con nosotros mismos y disfrutar de una afición tan entretenida y necesaria para nuestro cerebro.

Es una necesidad tan indispensable como el aire que respiramos el desconectar de nuestros sentidos y lubricar esa máquina tan poderosa y misteriosa como la mente. La mente nos hace ricos o pobres, felices o infelices. Las creencias o los prejuicios son inculcados en esa maquinaria que hay que cuidar tanto como nuestro cuerpo.

HOY les ofrezco un breve párrafo de mi novela romántica-erótica que aún está en el horno, veo que crece y se dora, que seguro tendrá un sabor exquisito una vez la pruebes. Tan deliciosa como el manjar más apetecible. Mi ordenador es el horno y mi mente el repostero. Deseo que pruebes un poquito de este pastel y digas lo que sientes.  🙂

 

          (…) Ian pasó a mi lado y saludó con normalidad, supongo que ya no recordaba el incidente que habíamos tenido en el Beanery hacía unos días. Observó la mercancía apilada en medio del pasillo y comenzó a leer las referencias. Parecía buscar una marca en particular. Yo dejé de abrir cajas y lo miré. Estaba tan cerca que lo pude estudiar con detenimiento; era alto y bien esculpido, más o menos como el talante de Alex, pero más prudente y menos conquistador, seguro. Vestía con un toque de elegancia, lo cierto es que desentonaba un poco con la imagen de esta ciudad. 

          –¿Qué perfume me aconsejas Molly?, me apetece cambiar de fragancia –dijo Ian con un lenguaje sereno y pausado.

          ¿Molly?, ¿en qué momento le había dicho mi nombre?, ¿cómo lo había averiguado?, ¿realmente estaba hablando conmigo?… La única Molly falsa era yo, no podía estar refiriéndose a nadie más.

          “Un perfume es un toque de distinción que suele ser de carácter personal”, quise decir, sin embargo, de mi boca salió una frase escueta con un ligero tartamudeo:

          –A mí, a mí, me gusta… éste –respondí mientras cogía de las estantería el `212 Men de Carolina Herrera´.

          La verdad es que no fue una respuesta muy brillante pero, fue lo más inteligente que mi boca pudo articular (...)

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Facebook Bibiana Reyes

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